The Treasury sold $27 billion of three-month bills yesterday at a discount rate of 0.005 percent, the lowest since it starting auctioning the securities in 1929. The U.S. also sold $30 billion of four-week bills today at zero percent for the first time since it began selling the debt in 2001.
Este acontecimiento sin precedentes tiene dos lecturas a cual más preocupante. La primera es la deflacionista de la que hablábamos al principio. Si verdaderamente entramos en un escenario de deflación, el dinero de hoy valdrá más mañana. En un entorno de inflación, que es lo normal, el dinero de hoy valdrá menos mañana.
Normalmente, los precios suben y eso supone comprar menos bienes con el mismo dinero o que hace falta más dinero para comprar los mismos bienes. Para compensar esa pérdida de valor, los inversores piden una rentabilidad por su dinero; más alta cuanto mayor es la inflación. Pero en la deflación ocurre lo contrario: mañana hará falta menos dinero para comprar las mismas cosas o se podrán comprar más cosas con el mismo dinero. Luego el dinero valdrá más que ahora, y esa apreciación "natural" hace que no haga falta pedir una rentabilidad por las inversiones. Que es lo que ocurrió con la subasta de letras de ayer.
El segundo mensaje es angustioso para los inversores en bolsa. Si existe esa demanda tan brutal de activos totalmente seguros, hasta el punto de no pedir ninguna rentabilidad a cambio, va a ser muy difícil ver a muchos valientes arriesgando su dinero en renta variable. Y si eso es así, será casi imposible que veamos una recuperación sostenible. De hecho, hemos comprobado en todos los intentos de rebote anteriores que las posiciones se toman a muy corto plazo y se deshacen con la mínima ganancia.

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